EL TELÉFONO. Ahí estaba, solo, abandonado, una capa de polvo cubría su estructurado cuerpo. Hacía mucho tiempo que vivía casi sin luz. En una esquina ansiaba que alguien le tocara, que alguien le susurrara. El tiempo pasaba y él seguía anhelando que alguien...
More
EL TELÉFONO. Ahí estaba, solo, abandonado, una capa de polvo cubría su estructurado cuerpo. Hacía mucho tiempo que vivía casi sin luz. En una esquina ansiaba que alguien le tocara, que alguien le susurrara. El tiempo pasaba y él seguía anhelando que alguien le hiciera partícipe de historias, de noticias, de palabras bonitas, de un “te echo de menos” de un “te quiero”. Algo terrible estaba pasando fuera. Él lo veía, lo sentía. Sus caras reflejaban una mezcla de incertidumbre, miedo y tristeza. Al poco tiempo, todos tuvieron que encerrarse en sus casas. Cogieron víveres para no salir en meses. Los cuatro niños dejaron de ir al colegio. Sus padres trabajaban desde casa. Llegaba el momento, era ahora o nunca. Todos estaban en casa, alguno se acordaría de él. Estaba contento porque el tiempo estaba a su favor, horas y horas en casa pero inexplicablemente seguían sin hacerle caso. Ser uno más en la familia, seguir importando para todos… no pedía más. Pero no, él seguía estando conectado pero
Less